Dra. Nora Mejía Paredes
Fundación Centro Dominicano de Hipoterapia
Resumen
El desarrollo infantil se construye en la interacción entre maduración biológica, experiencia corporal y relaciones significativas. Cuando este proceso se ve afectado por experiencias traumáticas prolongadas o por condiciones del neurodesarrollo que comprometen la regulación, el procesamiento sensorial, la atención o la organización motora, pueden aparecer dificultades importantes para responder de manera flexible al entorno. Las terapias ecuestres ofrecen un contexto clínico de interés porque integran movimiento, estimulación sensoriomotora, relación con un ser vivo, participación activa y acompañamiento terapéutico.
Este artículo analiza el papel de las intervenciones ecuestres en trauma complejo y trastornos del desarrollo, con especial atención a la regulación, la seguridad relacional, la organización corporal y la autoeficacia. Se propone una lectura clínica basada en tres procesos —estabilizar, reparar e integrar— y se reflexiona sobre el desarrollo de estos abordajes en la República Dominicana. La evidencia disponible muestra resultados más consistentes en determinados dominios motores, especialmente en parálisis cerebral, mientras que en autismo y trauma los hallazgos son prometedores pero todavía heterogéneos.
Palabras clave: terapias ecuestres, hipoterapia, trauma complejo, neurodesarrollo, regulación, apego.
Introducción
Cuando un niño presenta impulsividad, hipervigilancia, dificultades atencionales o problemas para regular sus emociones, resulta fácil centrar la intervención en la conducta observable. Sin embargo, detrás de estas manifestaciones puede existir una organización más compleja relacionada con la manera en que el niño percibe su entorno, responde corporalmente a la activación y utiliza las relaciones para recuperar el equilibrio. Comprender esta dimensión permite pasar de una mirada centrada exclusivamente en corregir conductas a otra que intenta identificar qué necesita el niño para regularse y participar de manera más flexible en el entorno.
Bowlby (1988) situó la seguridad relacional en el centro del desarrollo mediante el concepto de base segura, mientras que Barudy y Dantagnan (2005, 2010) destacaron la importancia de los buenos tratos, la protección y la resiliencia en los procesos de reparación. Desde esta perspectiva, la regulación se construye inicialmente en relación con otros y se convierte progresivamente en una capacidad más autónoma.
Trauma complejo y trastornos del desarrollo
En el trauma complejo infantil, las experiencias repetidas de negligencia, violencia o imprevisibilidad pueden favorecer respuestas adaptativas orientadas a la protección. La hipervigilancia, la impulsividad o determinadas formas de desconexión pueden haber tenido sentido dentro de contextos de amenaza y mantenerse posteriormente incluso cuando esas condiciones ya no están presentes. Van der Kolk (2014) ha destacado la dimensión corporal de estas experiencias, recordando que comprender cognitivamente que una situación terminó no significa necesariamente que el organismo deje de responder como si todavía existiera peligro.
En los trastornos del desarrollo, el origen es diferente. Pueden existir particularidades relacionadas con la atención, la comunicación, el procesamiento sensorial o la función motora. Trauma complejo y trastornos del desarrollo no son equivalentes, aunque en algunos niños pueden converger funcionalmente en dificultades de regulación. Esta convergencia permite pensar intervenciones comunes sobre determinados procesos sin confundir diagnósticos ni causas.
El cuerpo y el caballo como parte de la intervención
La palabra es una herramienta fundamental, pero no siempre constituye el mejor punto de entrada. Algunos niños saben qué deberían hacer y, sin embargo, no logran hacerlo cuando la activación aumenta. En estos casos, las experiencias corporales pueden complementar el trabajo verbal.
Durante la marcha, el caballo proporciona un movimiento rítmico y dinámico que exige ajustes posturales continuos y aporta información vestibular, propioceptiva y táctil. En hipoterapia, estas características se utilizan dentro de objetivos terapéuticos específicos. Las revisiones sistemáticas disponibles han descrito resultados favorables en función motora, equilibrio, coordinación y marcha en niños con parálisis cerebral, aunque persisten limitaciones metodológicas y preguntas sobre la duración de los efectos (Plotas et al., 2024).
En población autista también se han encontrado resultados positivos en coordinación, equilibrio, postura y habilidades motoras, aunque la evidencia sigue siendo heterogénea y requiere estudios más sólidos (Meera et al., 2024; Trzmiel et al., 2019).
Sin embargo, el caballo aporta algo más que movimiento. Al ser un ser vivo, responde a la distancia, al contacto y al comportamiento de quien interactúa con él. El niño necesita observar, esperar y ajustar su conducta. Esto introduce una dimensión relacional que puede ser especialmente valiosa en algunos procesos terapéuticos.
Relación, autoeficacia y traumaterapia
En determinados niños con trauma interpersonal, la relación humana directa puede resultar inicialmente exigente. La presencia del caballo introduce un tercer elemento que permite construir experiencias compartidas sin situar inmediatamente el trauma en el centro de la conversación. Mientras el niño cepilla, camina o trabaja con el animal, pueden aparecer temas relacionados con miedo, control, confianza, frustración o capacidad para pedir ayuda.
El valor terapéutico no reside en atribuir al caballo una función psicológica independiente, sino en la manera en que el profesional utiliza lo que ocurre dentro de la relación triangular entre niño, caballo y terapeuta.
El contexto ecuestre también puede favorecer experiencias de competencia. Un niño que consigue aproximarse al caballo, completar una tarea o conducirlo durante unos metros no solo escucha que puede hacerlo, sino que lo experimenta. Esta diferencia puede contribuir a fortalecer la percepción de autoeficacia.
Desde una perspectiva traumaterapéutica, estas experiencias pueden organizarse alrededor de tres procesos: estabilizar, reparar e integrar. Estabilizar implica crear condiciones suficientes de seguridad y regulación; reparar supone ofrecer experiencias relacionales diferentes a aquellas que produjeron daño; e integrar permite que sensaciones, emociones y experiencias puedan progresivamente adquirir representación y significado. Estos procesos no son etapas rígidas, sino dimensiones que se superponen a lo largo del tratamiento.
Evidencia y límites
La investigación sobre intervenciones ecuestres en trauma es todavía limitada. Palomar-Ciria y Bello (2023) encontraron reducciones de síntomas de estrés postraumático a corto plazo, aunque los estudios disponibles eran escasos y heterogéneos. Además, estos resultados no pueden trasladarse directamente al trauma complejo infantil, por lo que se requieren investigaciones específicas en esta población.
La teoría polivagal de Porges (2011) ha influido notablemente en la conceptualización de la regulación y la seguridad, aunque algunos de sus mecanismos neurofisiológicos han sido cuestionados (Grossman, 2023). Por ello, resulta más prudente utilizarla como marco conceptual que como explicación definitiva de los efectos de las terapias ecuestres.
República Dominicana y perspectivas futuras
En la República Dominicana, el desarrollo de las terapias ecuestres ofrece una oportunidad para ampliar recursos interdisciplinarios dirigidos a niños con necesidades complejas. La experiencia de la Fundación Centro Dominicano de Hipoterapia constituye una base clínica relevante, aunque todavía es necesario producir datos sistemáticos que permitan evaluar resultados, identificar qué perfiles se benefician más y determinar qué componentes de la intervención son realmente eficaces.
El crecimiento del campo requiere protocolos claros, profesionales formados, objetivos definidos, evaluación de resultados y estándares rigurosos de bienestar animal. La experiencia clínica puede convertirse así en una fuente de preguntas de investigación y contribuir al desarrollo de modelos cada vez más precisos.
Conclusiones
Las terapias ecuestres pueden ofrecer un contexto especialmente rico para integrar cuerpo, relación y experiencia dentro de la intervención terapéutica. Su interés en trauma complejo y trastornos del desarrollo no depende de considerar ambas condiciones equivalentes, sino de reconocer que algunos niños presentan dificultades compartidas de regulación, organización corporal y participación relacional.
El caballo no sustituye al terapeuta ni a otros tratamientos necesarios. Su valor aparece cuando se integra dentro de un modelo clínico coherente, con objetivos definidos y evaluación de resultados. En determinados casos, la experiencia ecuestre puede permitir que seguridad, confianza y competencia sean vividas antes de poder ser explicadas, creando condiciones desde las cuales el niño pueda ampliar progresivamente su capacidad para aprender, relacionarse y desarrollarse.
Referencias
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia: Parentalidad, apego y resiliencia. Gedisa.
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre: Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Gedisa.
Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
Grossman, P. (2023). Fundamental challenges and likely refutations of the five basic premises of the polyvagal theory. Biological Psychology, 180, 108589.
Meera, B., Fields, B., Healy, S., & Columna, L. (2024). Equine-assisted services for motor outcomes of autistic children: A systematic review. Autism, 28(12), 3002–3014.
Palomar-Ciria, N., & Bello, H. J. (2023). Equine-assisted therapy in post-traumatic-stress disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Equine Veterinary Science, 128, 104871.
Plotas, P., et al. (2024). Effects of hippotherapy on motor function of children with cerebral palsy: A systematic review study. Italian Journal of Pediatrics, 50, 188.
Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.
Trzmiel, T., Purandare, B., Michalak, M., Zasadzka, E., & Pawlaczyk, M. (2019). Equine assisted activities and therapies in children with autism spectrum disorder: A systematic review and a meta-analysis. Complementary Therapies in Medicine, 42, 104–113.
Van der Kolk, B. A. (2014). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Viking.
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